Otro año más, llega el Halloween. Que en Tokyo viene siendo tan grande como la Navidad.
Supongo que cuando pensáis en "Halloween" y "Tokyo" os vienen a la mente las pivonas ligeritas de ropa y los extranjeros que, un año más, se visten de policía, a ver si este año tienen la oportunidad de cachear. Si bien los estereotipos abundan, particularmente en Roppongi (que es el distrito nocturno por excelencia, en particular para los extranjeros) también están las excepciones que confirman la regla. Desde gente con disfraces tan originales como instagram o los muñecajos del Line hasta los niños que no salen de noche, sino por la mañana, a recoger caramelos por las tiendas (en lugar de hacerlo por la vecindad).
Al dar mi paseo mañanero hasta el Daikanyama T-site, que es un lounge de Tsutaya, donde comprar todo tipo de libros y revistas, me he dado cuenta de que estaba literalmente plagado de críos y padres disfrazados, que orientados por una patrulla de organización, deambulaban entre tiendas, llenando las calabazas de azúcar y diversión.
Así que os dejo con la gente normal esa que no sale en callejeros ni en los vídeos de Vice, pero que abunda tanto en Tokyo como en cualquier otra ciudad. Porque al final todos somos humanos y alcanzamos en los mismos pequeños detalles la felicidad.

















