Llevo casi un año así, en el que todo me sienta mal, en el que nada encaja, en el que no me siento a gusto con nada, ni con nadie, ni... Conmigo misma.
Cuestión de actitud, cuestión de enfermedad, cuestión de inmadurez, yo que sé.
Pero miro a mi alrededor y veo... Amigas que se tienen unas a otras, madres listas para apoyar, novios esperando en la puerta, siempre impecables, inmaculadas, cotilleando y taconeando a lo largo de las cortas distancias que separan los reducidos hotspots de la ciudad... Ésa que, nunca anda cubierta de placas de hielo, donde - salvo cuando vengo de vacaciones - brilla el sol y no hay demasiados problemas.
Ey, yo tampoco los tengo, eh? Con mi casa, mi novio, mi vida en la big corp, siempre hecha unos zorros, helada de frío, corriendo de un lado al otro. Noches insomnes, findes en casa, obligaciones apiladas, ya nunca llevo, las uñas pintadas. Nunca salimos, nunca me arreglo, nunca... Una casa sucia, una mora que nos roba la secadora, vecinos que no bajan la música, la corona se hunde, los espárragos suben, me entra agua en los pies, el zapatero no me entiende - inmigrante, como yo - balbuceo klackar y lo capta, aplica al curso, aprueba, que te vas a la calle, no te olvides del registro, ni los tomates, que se nos han acabado.
Creo que tengo envidia, de esa vida fácil (a mis ojos) de los que trabajan y siguen en casa, con su sueldo pa'caprichos, bajo el techo de los papis.
Creo que no estaba lista, para depegarme hasta tal punto, ser completamente independiente y contar sólo, conmigo misma. Y ahora, lo que estoy es rota. Porque soy esa pieza deforme, que no encaja aquí, ni allá. Que no se amolda al hielo, pero duda de que pueda volver atrás.
Sabes? Me arrepiento de cómo miraba a Carola, de los chistes que hacía de ella - la típica, malvestida, con tres dedos de raíz, que corretea de un lado a otro en calcetines - ahora, resulta que la admiro y compadezco a partes iguales, porque en el fondo, estamos metidas hasta el cuello en la misma mierda.
Carola, tira del Proyecto, porque sabe, porque tiene los cojones necesarios, se encarga de que todo funcione aunque nadie trabaje. Carola, saca tiempo para organizar la fiesta de Navidad y, mientras rebusca en su bolso de Wonderwoman, lleno de bolsos, juguetes, papeleos confidential, el iPod con los Xmas Classics, me confiesa lo pronto que fue madre, lo duro que fue enfrentar la Universidad con un crío colgando y el que, aunque nadie te prepare, luchas... Por qué? Porque es lo único que te queda.
Esto viene a tenor de mi comentario acerca del sentido de la responsabilidad que su cara refleja, tanto como la mía. Todo el mundo tiene obligaciones, todo el mundo tiene preocupaciones y hay que saber separarlas de esos ratos, vacíos, los que quedan, sólo para uno. En esto último, soy completamente inútil. Me persiguen allá donde voy, haga lo que haga, siento ese agobio existencial, que carece de sentido, lo sé. Por que yo... Siento infinitos problemas cuando en realidad, no tengo ningún problema. Me estoy volviendo loca, that's for sure.
Tras haber empleado la única mañana soleada en lo que va de semana en intentar animar a la coqueta Algie estoy a punto de mandarlo todo a la mierda. Es imposible seguir luchando.
NO PUEDO MÁS.
No respiro, entre obligaciones y deseos. Es difícil aprender a tiempo parcial, tanto como necesito, como para que sea suficiente, como para dar el salto. Y la verdad, no soy capaz de seguir intentándolo. Demasiados muros en mi cara, demasiadas puertas cerradas. Será de cobardes, de esos que desprecio, casi tanto como a mí misma, pero hay que saber pulsar STOP. Respirar, reflexionar. Darme cuenta de mi situación. No puedo dejarlo todo y empezar una carrera nueva. La lotería pasó cerca, pero no lo suficiente, este año. Puede que el diseño, por mucho que me fascine, no sea para mí.
Sólo valgo para echar cuentas, las mates y la física. No tengo creatividad.
Probablemente sea mejor plan, el de morir con estas botas puestas, las que me guían por donde está marcado, aprender a reir con muchachada nui y volver a encontrarle el sentido a a la vida que mi sueldo mantiene, a lo mejor, hay algo que merezca la pena en esa oficina llena de cosas fascinantemente frías y calculadas.
Tampoco tiene ningún sentido vomitarlo todo públicamente. Y si lo hago, bueno, es simplemente porque, ser honesto con uno mismo comienza por ser honesto con el mundo.
Lo único que quiero, es volver a sonreir.Cuestión de actitud, cuestión de enfermedad, cuestión de inmadurez, yo que sé.
Pero miro a mi alrededor y veo... Amigas que se tienen unas a otras, madres listas para apoyar, novios esperando en la puerta, siempre impecables, inmaculadas, cotilleando y taconeando a lo largo de las cortas distancias que separan los reducidos hotspots de la ciudad... Ésa que, nunca anda cubierta de placas de hielo, donde - salvo cuando vengo de vacaciones - brilla el sol y no hay demasiados problemas.
Ey, yo tampoco los tengo, eh? Con mi casa, mi novio, mi vida en la big corp, siempre hecha unos zorros, helada de frío, corriendo de un lado al otro. Noches insomnes, findes en casa, obligaciones apiladas, ya nunca llevo, las uñas pintadas. Nunca salimos, nunca me arreglo, nunca... Una casa sucia, una mora que nos roba la secadora, vecinos que no bajan la música, la corona se hunde, los espárragos suben, me entra agua en los pies, el zapatero no me entiende - inmigrante, como yo - balbuceo klackar y lo capta, aplica al curso, aprueba, que te vas a la calle, no te olvides del registro, ni los tomates, que se nos han acabado.
Creo que tengo envidia, de esa vida fácil (a mis ojos) de los que trabajan y siguen en casa, con su sueldo pa'caprichos, bajo el techo de los papis.
Creo que no estaba lista, para depegarme hasta tal punto, ser completamente independiente y contar sólo, conmigo misma. Y ahora, lo que estoy es rota. Porque soy esa pieza deforme, que no encaja aquí, ni allá. Que no se amolda al hielo, pero duda de que pueda volver atrás.
Sabes? Me arrepiento de cómo miraba a Carola, de los chistes que hacía de ella - la típica, malvestida, con tres dedos de raíz, que corretea de un lado a otro en calcetines - ahora, resulta que la admiro y compadezco a partes iguales, porque en el fondo, estamos metidas hasta el cuello en la misma mierda.
Carola, tira del Proyecto, porque sabe, porque tiene los cojones necesarios, se encarga de que todo funcione aunque nadie trabaje. Carola, saca tiempo para organizar la fiesta de Navidad y, mientras rebusca en su bolso de Wonderwoman, lleno de bolsos, juguetes, papeleos confidential, el iPod con los Xmas Classics, me confiesa lo pronto que fue madre, lo duro que fue enfrentar la Universidad con un crío colgando y el que, aunque nadie te prepare, luchas... Por qué? Porque es lo único que te queda.
Esto viene a tenor de mi comentario acerca del sentido de la responsabilidad que su cara refleja, tanto como la mía. Todo el mundo tiene obligaciones, todo el mundo tiene preocupaciones y hay que saber separarlas de esos ratos, vacíos, los que quedan, sólo para uno. En esto último, soy completamente inútil. Me persiguen allá donde voy, haga lo que haga, siento ese agobio existencial, que carece de sentido, lo sé. Por que yo... Siento infinitos problemas cuando en realidad, no tengo ningún problema. Me estoy volviendo loca, that's for sure.
Tras haber empleado la única mañana soleada en lo que va de semana en intentar animar a la coqueta Algie estoy a punto de mandarlo todo a la mierda. Es imposible seguir luchando.
NO PUEDO MÁS.
No respiro, entre obligaciones y deseos. Es difícil aprender a tiempo parcial, tanto como necesito, como para que sea suficiente, como para dar el salto. Y la verdad, no soy capaz de seguir intentándolo. Demasiados muros en mi cara, demasiadas puertas cerradas. Será de cobardes, de esos que desprecio, casi tanto como a mí misma, pero hay que saber pulsar STOP. Respirar, reflexionar. Darme cuenta de mi situación. No puedo dejarlo todo y empezar una carrera nueva. La lotería pasó cerca, pero no lo suficiente, este año. Puede que el diseño, por mucho que me fascine, no sea para mí.
Sólo valgo para echar cuentas, las mates y la física. No tengo creatividad.
Probablemente sea mejor plan, el de morir con estas botas puestas, las que me guían por donde está marcado, aprender a reir con muchachada nui y volver a encontrarle el sentido a a la vida que mi sueldo mantiene, a lo mejor, hay algo que merezca la pena en esa oficina llena de cosas fascinantemente frías y calculadas.
Tampoco tiene ningún sentido vomitarlo todo públicamente. Y si lo hago, bueno, es simplemente porque, ser honesto con uno mismo comienza por ser honesto con el mundo.






