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27.4.10

Västerbron.


Cualquiera que haya recibido una terapia de choque entenderá cómo me siento. Imagina... Un cuerpo que carece de hormonas, en el que las metes de golpe y porrazo, durante 10 días. Cinco kilos de hinchazón - que aumentan día a día - y malestar por toneladas.

Tensión abdominal, insomnio, sofocos, cansancio. Dolor e incapacidad de seguir adelante con tu vida. Cosas cotidianas, como subir las escaleras o bajar al ICA, se convierten en un mundo. Te dar por llorar, quieres quedarte sola. Nada abrocha, todo aprieta. Cada día te inflas más, cada día te encuentras peor. No hay hambre, pero mucho cansancio. No hay sangre, pero mucha inflamación.

- Mi cuerpo está en shock. Ya pasará. Es por mi bien. Ya me acostumbraré.

Mantra que llevo repitiéndome desde hace 15 días. Lo triste es ver como la cosa no mejora, sino que va cuesta abajo y sin frenos. Pero yo, no me rindo. Como siempre. Pégame fuerte. Cuanto mayor sea el bofetón, más rasmia tendré para levantarme a devolvértela.

Mis hinchazones, que ya eran increíbles, han llegado a un extremo loco. Hoy, retorcida en el metro, me planteaba si conseguiría acarrear la compra a casa. Hoy, retorcida en casa, dejaba caer lagrimones por lo mal que estoy.

- Debería ir al hospital?

Siempre es una opción. Que tristemente, no suele conducir a nada. Lamento mi excepticismo, pero ya me he plantado unas cuantas veces con mis cuadros clínicos. No sirve de nada.

Remedio fácil y para casa. Si no te funciona... Err...

Los médicos no son más que titulados. Igual que yo. Tienen un trabajo y un libreto con soluciones. Prueban con la primera, si no funciona, a la siguiente. Así sucesivamente, hasta que se les agotan. A lo que pasan a modo funcionario - vuelva usted mañana.

Sí. Hasta me he pasado alguna que otra noche ingresada, para el que tenga un mínimo de curiosidad, que por desgracia, no ha conducido a NADA. Lamento mi excepticismo, pero en este aspecto, la única que ha conseguido resolver sus problemas he sido yo misma. Escuchando a mi cuerpo, actuando consecuentemente.

Así que hoy, he seguido mis instintos. Correr no me devolverá el bienestar, pero al menos me despeja la mente. Me hace sentir bien, eso de superar mi malestar y esforzarme cuando más me cuesta. Sí. Se me caían los lagrimones del dolor. Pero bueno, canalizar la ira mejora tu performance y se convierte en la forma más civilizada de descargar el sufrimiento. Aunque no arregles nada, aunque parezcas una loca, llorando y corriendo a la vez. La serotonina es una droga como otra cualquiera. Acabar tu carrera con más dolor. Estirar a lo bruto, ése que los bailarines conocen demasiado bien, que machaca dulcemente y te deja relajado. Darte una ducha. Desconectar, con un abrazo y una copa de Shyraz.

No espero que nada mejore mañana. Ni espero que nadie me entienda. Sólo quiero que llegue el momento en el que despierte de esta pesadilla, el momento en el que pueda volver a mi añorada normalidad. Dos, tres semanas más. Si esto no mejora, no sé lo que puedo llegar a aguantar... Antes de desviar mi ruta normal, para emprender la subida a mi querido Västerbron. No me extraña que anden plantando una verja más alta - qué mejor última visión? La bella ciudad desparramada en islas y mi adorado Maria Hissen, vigilándola.
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