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1.2.16

Build your own brand

girl in black tom ford glasses

Recientemente, la gente me para y me dice lo mucho que le gustan mis nuevas gafas (a la dcha).

Desde llamar la atención de blogueras que te cruzas en el supermercado, recibir piropos del dependiente o camarero de turno, hasta llevar a suecas desconocidas pedirte el modelo, porque llevan años tras algo así. El caso es que me han hecho reflexionar en el poder que tiene un accesorio contundente, que se sale un poco fuera de lo común pero a la vez, encaja con tu morfología, tu actitud y tu personalidad.


Durante años, mi padre se mofó de las boinas de mi madre. Supongo que le resultaban ridículas o que simplemente, nunca terminó de entender las múltiples asociaciones que mi madre encontraba en ellas. Sus raíces francesas, su espírito bohemio y la libertad de jugar con su look y su sombrero. Irónicamente, e incluso más notablemente a medida que va cumpliendo años, mi madre recibe constantes piropos. Supongo que la gente elogia su estilo, sin percibir que el hechizo es en realidad una mezcla de cosas. La sorpresa tras sus boinas de mil colores, el contraste con el pelo blanco brillante y la jovialidad que destila su persona, su actitud, sus carcajadas y sus looks - que sigue confeccionando ella misma. Lo curioso es que ella nunca tuvo ninguna pretensión con sus boinas. Simplemente las lleva porque le gustan. Pero en su persistencia a través de los años, ha terminado por crear su propia identidad de marca.

Algo parecido ha ocurrido con mis gafas. Habiendo llevado gafas desde los 3 años, llegó un punto en el que estaba HARTA de gafas normales y me apetecía experimentar con algo nuevo. Así que me hice con unas Marc Jacobs con mucho rollo 70s. Había quien pensaba que no me favorecían, que con algo más pequeño (o lentillas) estaría mejor, pero a mí me divertían y terminé por mantenerlas. Hasta el 2011, cuando a punto de casarme y marcharme a Japón, pensé que era el momento de entrar en una fase más seria y probar algo en negro, algo grown-up pero sexy, algo como Tom Ford.

Recordáis la película "A single man"? Años antes de su estreno en 2009, Brad Pitt había sido portada de V magazine "Brad to the Bone" llevando las míticas gafas de Tom Ford (TF5040) que inspirarían mi gran adquisición. Encontré mis primeras gafas negras (TF5178) en una óptica de Sevilla, casi sin ser consciente del rastro que llegarían a dejar en mi vida, 5 años después.

No me creo Jenna Lyons, pero es innegable que ser la "chica de las gafas negras" ayuda mucho a que haya desconocidos con los que nunca he cruzado palabra que se fijen y se acuerden de mí años después, especialmente cuando te mueves por las sedes asiáticas de una empresa sueca donde la mayoría son hombres y el resto no-asiático, son rubias. Recuerdo que hice un curso de "leadership & influencing" en el que el instructor me recomendó cambiar de gafas. Me dijo que era lo que más llamaba la atención de mí, que la gente no me veía como persona, que sólo veían unas gafas. Yo escuché pacientemente y le dije que pensaría en ello. Al comentarlo con mi madre, me dijo que ni se me ocurriera cambiar. Eran parte de mi personalidad, como mi nariz o mi cara con facciones fuertes y grandes. No debía cambiarlas y menos, porque alguien me aconsejara volverme más sosa en un intento de encajar. El instructor no se dio cuenta de que esconderte tras unas gafas, a veces también tiene sus ventajas. Igual que el traje o los tacones, tienen el poder de transformarte... Las gafas son un escudo. Me protegen cuando me siento insegura o nerviosa ante una reunión importante. Escondida tras la pasta y el cristal, todo es mucho más fácil.

Como todo el que lleva gafas a diario, empecé a sentir ganas de cambio a los dos años. Sabía que había encontrado un filón, que no quería abandonar, así que iba buscando constantemente, pero sin fecha para dar el gran paso. Hasta que llegó el día, cuando por casualidad, en el aeropuerto de Incheon (Seoul) encontré mi segundo par de gafas hiper-rebajadas. Ganga y cambio, de una montura muy masculina a una forma más grande, pero también más favorecedora y femenina. 

Pasó el tiempo, nos vinimos de Tokyo a Málaga y seguí con mis gafas coreanas... Hasta el verano pasado, cuando como por atracción fatal, terminé pasando demasiado tiempo en el stand de gafas del mismo aeropuerto (otros 2 años más tarde) hasta toparme con mi montura actual. Me llamó muchísimo la atención esa línea de metal en la parte superior. Algo tan sutil y a la vez tan diferente de todo lo que había visto hasta entonces, que tenía que ser mío. Creo que por cada duda que me entra acerca del tamaño, he recibido unas 10 alabanzas contradiciéndola. Así que al final... Imagino que no está tan mal esto de invertir recursivamente para terminar con una identidad de marca personal.
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