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15.5.11

Estás sana? Pues todo lo demás, da igual.

Guilty?


Hace un tiempo, me dí cuenta de que mi fascinación por viajar procede de descubrir nuevos mundos. En particular, de aprender cómo viven otros, observar sus costumbres, sus tabús, su comportamiento y cuestionarme los hilos invisibles que, a veces, parecen dirigir el mío propio. Estas ocasiones me dan la oportunidad de aprender cosas mejores que incorporar a mí persona, así como de conocerme un poco mejor para identificar aquello que está bien como está y no quiero cambiar por nada del mundo.

El ser humano, es inherentemente social. De ahí, que cualquier observación que se precie, debe centrarse en el grupo. Lugares de trabajo, transporte urbano y por supuesto, bares/restaurantes. La comida suele disparar la secreción de serotonina y otros placenteros neutransmisores. Sentarse en torno a una mesa, en reunión, es clave para el éxito social. Sea fuera o dentro del trabajo, con familia, amigos o amores. Aunque no vivas para comer, a quién no le gusta compartir un rato déli? - A mí.

Mi dilema. Con 14 años, engordé, mucho. Como me dice Enrique "será que te lo comiste todo de pequeña". Ahí, empezaron las restricciones. Ejercicio, verdura cocida, pescado a la plancha. Ejercicio, ensalada. Un poco de pasta y basta. Años bailando, en los que pasar del helado era el pan nuestro de cada día. Stress por una carrera, que a veces se complicaba más de lo debido, derivando en poca socialización, menos ejercicio y un colon bastante irritado. Conducir cada día, cosa que tampoco ayuda a un maltrecho organismo.

Así pasaron los años. Hasta que me mudé, aparqué el coche 3000km al Sur y empecé a mover el culo for real. Estocolmo me dio la oportunidad de andar, de convertirme en turista en mi ciudad, de descubrir mucho y adaptar mi dieta a mis necesidades. Seguía con mis prohibiciones de siempre pero mucho más equilibrada, con menos problemas y más alegrías. A veces la gente encontraba extraño que desayunara pollo, pero tras probar las tostadas con tomate y hasta los pimientos snack terminaban por darle another chance. Todo marchaba viento en popa, incluidos mis nuevos modelitos algo más pequeñitos, hasta que cumplí 25 años.

Como reza la profecía, a partir de los 25… Date por jodida. Mi cuerpo se paró, en seco. Dejó de quemar como hasta ahora. Me diagnosticaron algo que no mata, pero es cruel de cojones, donde comer no funciona, no comer no funciona y hacer ejercicio es indiferente. Donde te hinchas a medida que te deprimes y para colmo, no eres capaz de centrarte a trabajar.

Igual que un coche no acelera sin gasolina, ninguna parte de tu organismo funciona bien cuando tienes hipotiroidismo. Afortunadamente, se puede tratar. Desafortunadamente, la medicina se dosifica a la baja, con lo que tu metabolismo nunca vuelve a ser del todo normal. Así que pruebas, a medida que vas dando vueltas al mundo, tratas de importar cualquier cosa que pueda ayudarte, cualquier costumbre que resulte sana, cualquier receta que parezca apoyarte en tu lucha. No te rindes, pero hay momentos bajos. En los que simplemente, estás harto. En los que te preguntas, por qué a mí? En los que corres a escondidas hacia el bote de galletas, pues ya van casi 15 años así.

Las dietas, son como la ley seca. Cuanto más prohibes - sea por adelgazar, por enfrentar tus enfermedades o por el entorno - más te obsesionas con aquello que nunca puedes tener. A veces piensas que tiene que haber una solución y pruebas con otra alternativa, en la que se restrinja algo diferente. Pero tampoco funciona, así que empiezas a oscilar entre variantes de la misma cosa: El "no".

A todo esto, probablemente te hayas quedado más sola que la una. A nadie le gusta olvidarse de según que sitios, simplemente porque no haya nada para tí. Eres un aburrido. Terminas anulando invitaciones, por miedo a quedar de grosero, rechazando algo prohibido que tu anfitrión deje caer en el plato. Así que, al deseo de lo prohibido, le sumas la culpabilidad del aislado y lo multiplicas por la inmovilidad de tus gustos, especialmente avergonzante en eventos varios laborales, donde los otros comensales no te conocen a fondo.

Habrá quien piense que exagero, quien no se haya visto en esto nunca (bendice tu metabolismo) y quien tenga una tendencia a inflarse tan grande como la mía, que me entienda a la perfección. Así que para tí, va el rollo de hoy. Todo esto termina con las palabras concisas del que poco habla, pero si lo hace, anda lleno de determinación:

- Estás sana? Puedes trabajar? Puedes moverte? Pues todo lo demás, da igual.

Así que a vender toda esa ropa, en la que probablemente, nunca volveré a entrar. Me concentraré en lo feliz que soy cuando salimos a andar. Está visto, que no me queda nada más por intentar. Como dice mi madre, normal - sin pasarte - y ya está.

Últimamente, no paro de leer el "ingiere lo que necesitas", "olvídate de mierdas light", "tómatelo con calma, terminará por funcionar". Mi receta personal es tomarme mi tiempo, salir a pasear tanto como puedo y más. Porque si no me cuido yo, nadie lo hará. En acto de fé, intento establecer nuevas rutinas, que encajen en mi ajetreado día laboral sin destrozar mi maltrecho tracto intestinal. Mi OB'11, es más bien un paso de gigante, que acabo de dar.
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2 comments

Anonymous said...

Claudia, te leo desde hace años... Creo recordar desde que te marchaste a Suecia por Erasmus. Te leo siempre pero nunca comento. Quizá no me alcanzan las palabras... eres una grande Claudia, eres una tía MUY GRANDE.

red.is.the.new.black. said...

Gracias, por seguir al otro lado y por el apoyo. Ayer fue uno de esos días... En los que necesitas aislarte, porque todo te duele. Intento aislarme de las preeguntas sin respuesta, pero se me hace complicado aceptar. Por qué? Por qué? Por qué tenía que pasarme a mí? Ojalá fuera una de esas personas normales, que adelgazan con dieta y engordan con vagancia. Es injusto verme así y temer el día en el que la cosa empeore, para pasar a devorar mi cerebro.

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DONTPLAYAHATE