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23.2.11

Godis

Plockgodis en cualquier supermercado [fuente, SvD]

Cada sueco ingiere de media 17kg de azúcar al año. Es el país de la locura por las golosinas, aquí llamadas godis. Será por el frío o porque son un poco amargados de naturaleza, pero el caso es que te plantas en el cine, rodeada de señoras mayores que mi madre, masticando compulsivamente como yo nunca hice de pequeñita.

Mientras Estocolmo anda llena de tiendas de Godis&Tobak, donde una adicción se mezcla con otro vicio igual de tóxico; Madrid empieza a verse infectada por la epidemia. Porque los niños no pierden el culo por un plato de jamón acompañado de un chato de vino, sino que sueñan con recibir una de las oníricas cestas de Oumoumbo o Pröva-lo. Me da pena, que seamos así en España. Por qué es Starbucks mejor que el cortado de la esquina? En qué supera la cerveza al tinto que crían nuestros valles? Cuándo fue más apetitosa una hamburguesa que un pepito de lomo, pimientos del piquillo incluidos?

Sí. Todos fuimos adolescentes y salimos a cenar al Pizza Hut. Pero no era por la comida, sino por sentirnos independientes, por pasar un rato rodeados de amigos y por contemplar a quien hacía hervir nuestras hormonas por aquellas épocas. A mí, lo que me duele es ver a adultos que sólo compran cosas precocinadas, bajo el falso argumento del no me da tiempo. Estáis intoxicados por la grasa, adictos al exceso de E-s que tienen todas esas cosas y paralizados en una mentira, que tras repetíos mil veces, os habéis terminado por creer. Pero no me preocupo por vosotros, que estáis ya mayorcitos, sino por lo que tenéis en casa: Qué le va a dar a su hijo alguien que se alimenta a base de yogur y congelados?

En fin. Nunca tendré suficientes palabras como para agradecer a mi madre el haberme mantenido alejada del Mariano que vendía chuches en el barrio, el nutrirme a base de productos del mercado y el enseñarme que no hay nada tan bueno como las magdalenas del pueblo o las albóndigas hechas en casa. Salsa de tomate, incluida.

Malgastas demasiado tiempo en el trabajo. Ya sabes, todos esos cafés que no llevan a nada, todos esos procesos que tiran por la borda tu esfuerzo, todos esos idiotas que machacan tu buena voluntad. No merece la pena, al menos no, hasta según qué extremos. En muchas ocasiones, compensa el salir antes, dar un paseo, cargar y producir algo con tus propias manos. De pie, sin sillón aplanándote el culo ni pantalla brillante. Una conversación, un vaso de vino. Sentidos que se empapan de esos sabores que se mezclan al calor de la sartén. Lentamente. Porque no hay prisa. Como con todo lo bueno, merece la pena esperar. No sé, pero desde que me mudé a este país, la cena se convirtió en el centro del día. Cuando me relajo, cuando no hay meeting al que salir corriendo, cuando estoy más despejada que al punto de la mañana y con más que contarle a quien comparte encimera conmigo.
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1 comment

Almasy said...

No sé si has llegado a conocer el Pizza Queen, pero ése sí que molaba :)

Todo se puede compaginar, es su justa medida. No es malo atiborrarse de golosinas en el cine, ni pasarte de vez en cuando por McDonalds. Lo perjudicial es el exceso.

No es mejor el café del Starbucks que el de cualquier otro bar. Pero si son mejores sus sillones, su wifi, su atmósfera "distinta", su variedad de mil y un cafés. Mataría por tener en ZGZ uno en cada esquina.

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