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21.8.12

Enoshima (江ノ島) Beach Party


Party Playerz, Sunday 16:00.

Enoshima (江ノ島) es una pequeña isla con el encanto de templos y leyendas, de Dioses del amor y mágicas formaciones de roca, en las que cenar al fresco viendo la puesta de sol. Es también el corazón de Shōnan, una región situada a una hora al Sur de Tokyo en tren, de playas espectaculares que allá por los 50 se convirtió en un lugar de recreo donde los jóvenes pertenecientes a familias de élite (taiyo-zoku, "la tribu del sol") pasaban los veranos alejados del agobio metropolitano.

Se llega fácilmente desde Tokyo, con la Shonan-Shinjuku Line (desde Ebisu, Shibuya, Shinjuku) o la Tokaido Line (desde Shimbashi) así que en una hora más o menos, te plantas en medio de unas playas de arena volcánica muy agradables. A lo largo de la playa más grande, hay multitud de bares en los que tomar algo resguardado del sol. Así que, escuchando la música vibrar por los altavoces, decidimos acercarnos. A ver qué se cocía.

Lo primero en lo que me fijé - obviando a los mil adolescentes con demasiados Smirnoff Ice en el cuerpo - fueron las metacrilatas de un par de muchachas, en bikinis fosforitos muy extraños - a dónde va esta? Si esas taconas sólo las llevan as Drag Queen o las actrices porno. No iba muy desencaminada. Pues a la media hora de reggaeton, las mozas se subieron a la mesa. Con los consiguientes maromos tras ellas.

- Dios mío, la que se va a liar...

En España (o al menos, en las fiestas house a las que he ido a lo largo de mi vida) las Gogós son performers que se miran, pero jamás se tocan. Al que hace mención de acercarse, lo echan y probablemente, le cruzan la cara por el camino. Pero en Japón, resulta que las fiestas de playa, no tienen gogós, sino bailarinas de barra. Que se agitan sinuosamente e insinúan movimientos más allá del buen gusto, mientras otros menores (no estamos hablando de 18 años, sino de criajos de 13) les meten billetes de 1000YEN (10€) en el tanga.

Todavía ando confundida por las jóvenes educadas que tienen condiciones irregulares de empleo y dejan de trabajar al casarse, por la falta de altos cargos femeninos, por las Office Ladies que se ven forzadas a llevar medias y uniforme bajo este sol abrasador, por las madres que se quedan en casa, a cuidar de la familia, pues elegir entre trabajo o hijos parece ser obligado en esta sociedad. 

No es de extrañar, cuando muchas lecciones de esta sociedad parecen ser que las mujeres sólo sirven para madres, putas, criadas o floreros. Gracias a chicas como Yohco, no dudo de que las cosas cambiarán. Porque los 50 quedaron atrás, por muy tradicional que quiera seguir siendo la sociedad, nadie puede negar la existencia de aviones, de internet, de una cultura global donde los intercambios exponen a las chicas frente a otras maneras de pensar, otras formas de vida, otras realidades (como de Estocolmo) en las que los papis cogen tres meses de baja y disfrutar como nadie sacando al baby a pasear. 

Esta no es una foto idílica, pero es - al igual que los maravillosos parajes o la gente excepcional - un snapshot más de la realidad que me rodea. Supongo que hay partes que como turista nunca llegas a contemplar, pero que como residente te cuesta tragar. Así que aquí me quedo, a luchar mano a mano, por conseguir un cambio en esta sociedad. Juego con ventaja, pues los hombres que me rodean, son encantadores y en lugar de ponerme la zancadilla, me apoyan a que siga aprendiendo, creciendo, cada día más.
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