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26.3.15

Volatile

hanami in Shinjuku gyoen
Parece que fue ayer, pero hace ya un año. Supongo que es la sensación que conlleva, eso de aferrarte a lo que no quieres dejar atrás.

En Japón, antes de que abandones el país, te hacen una Sayonara party. Consiste en beber mucho y en que te regalen cosas que tocan la fibra sensible, a menudo con tarjetas donde la gente deja mensajes tan sinceros y emotivos, de esos compañeros de trabajo que, terminan por convertirse en tu círculo allegado. El día siguiente es duro, resacoso y deprimente. Una de esas veces en las que parece que saltas al vacío, mientras todo gira tan deprisa a tu alrededor, que termina por parecer un sueño.

Mi último día en Japón lo pasé por Shibuya, Shinjuku, Harajuku. Paseando por todos los rincones que os he enseñado mil veces, que tanto adoro y echo de menos. No fue precisamente agradable. Dejar de vivir en Shibuya, olvidar el latido de los rascacielos desde el salón y los paseos por Yoyogi el finde, dejar de codearte con rockabillies, niños en kimono y ladies who lunch. Meter los trajes en un cajón, porque los customer meetings con intérprete se acaban, igual que los karaokes de disfraces y las pestañas postizas. 

Es duro despertar de una vida, que era tu sueño convertido en realidad. Abre una herida que te desangra de desesperación, al encontrarte en un mundo que no es el que te inspira, sin capacidad de reacción. Trato de ser positiva, de pensar que todo pasa por una razón, que por cada cosa que pierdes, ganas otra, pero no puedo evitar soñar con que llegue el día... En que se me abra la puerta para volver.

Estoy cerca de mi madre, de mis amigos. Tengo un gato maravilloso. Pero no pasa un día, sin que eche de menos la energía de las calles de Tokyo, la sofisticación Asiática, el metro y la sensación de aprender continuamente cosas fascinantes, desde el idioma hasta la cultura, pasando por las tradiciones milenarias que conviven con la gente más kistch del mundo. 

Hace mucho tiempo que opté por dejar de hablar de mis sentimientos. Simplemente, porque a nadie le importa como te sientes en realidad. Es más sencillo juzgarte en base a lo que "debería ser" en su cabeza. Te miran con caras raras cuando dices "me estoy adaptando a vivir en una ciudad pequeña". No entienden, ni entenderán por qué Málaga nunca será Tokyo y nunca lo podrá reemplazar. Te empujan al paredón, por preferir una vida que te motive, aunque sea en la distancia y no tener planes ni remotos de quedarte embarazada, como se espera de las mujeres casadas de tu edad.

El lado positivo es que sigo trabajando con Asia. Hay días en los que pienso que se trata de lo único que me mantiene con vida, lo único que me permite sentirme conectada con ese lado del mundo donde, siento que encajo mucho más que en este. A veces, hay suerte y me sale un viaje en el que me vuelvo a sentir viva y "en casa", por largo o corto plazo (da igual lo infernal que sea, siempre y cuando se trate de GMT+).  Supongo que la oportunidad de ver a mi madre y amig@s es lo mejor de vivir en Málaga, pese a que no consiga eliminar el vacío que siento a diario, cuando esa gente que tan feliz me hace, deja de estar cerca.

No ha sido un año fácil. Se nos quemó la cocina, me rompí un dedo del pie, terminé en un juicio para que no nos deshaucien, ya que el casero ni paga la hipoteca, ni tiene seguro sobre la casa que nos alquila. Todo esto sola, con Enrique en USA durante casi 5 meses. Creo que una gran parte de mi percepción está asociada a esta casa, que a veces parece "haunted". Espero con que nuestra mudanza (en un par de meses) empiece a sentirme más en casa y menos como alguien que vive de prestado en una pensión de mala muerte. Encenderé una vela, esta Semana Santa.

PS: Hemos rediseñado el blog para que sea más fácil de navegar y se vea mejor con el móvil, espero que os guste la nueva versión, pero como siempre... Agradezco que dejéis un comentario con vuestra opinión.
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6 comments

Anonymous said...

Aunque no comparto tu pasión por Asia, puedo entender alguno de tus puntos.

Sin haber vivido tanto tiempo en el extranjero como tú,comprendo por lo que estás pasando: esa sensación en cierta forma de estar perdiendo el tiempo porque te parece que no aprendes nada, que no estás descubriendo cosas nuevas porque estás en un sitio que no te convence y que sientes que no te aporta nada.

Después de un anio y medio en Suiza y dos anios perdida en la Pampa húmeda, tras muchas lágrimas, risas también, descubrimientos interesantes, experiencias que no me sirven para nada y otras que me han ayudado a formarme como persona y a conocerme mejor, puedo decirte que todo llega. Que a veces las cosas son mas dificiles pra el que no elige una vida lineal, porque sientes que no encajas, que nadas a contra corriente y que nadie te entiende, pero llega. Y llegara el dia en el que te irás a otro sitio en el que estarás mejor, pues tú sabes que esto es algo transitorio.

Eso sí, siento decirte que una vez que has conocido vividdo en tantos lugares, es difícil encontrar el ideal. Siempre vas a echar algo de menos de uno y otro lugar -O al menos eso es lo que nos pasa a nosotros -. Pero no te agobies, eso de "mi lugar en el mundo" no es más que otra falacia. Intenta disfrutar de lo que tienes ahora porque llegará el día en el que hagas las maletas otra vez y no te va a servir de nada recordar que no pudiste disfrutar más de este tiempo.

Ánimo

ariadna said...

Hace tiempo que te sigo, desde los años en el Fotolog. Entre Japón y Estocolmo (Suecia), te quedas con Japón?
Me das una envidia... puedo preguntar a qué te dedicas?

Un abrazo!

Claudia Garcia said...

De hecho estoy completamente de acuerdo contigo, cuanto más te mueves menos sabes donde estar, you can be anywhere... And nowhere at the same time.

Llevo una temporada trabajando demasiado, lo que me impide ver las cosas buenas de Málaga (que también las tiene). Así que a partir de ahora, me iré antes de la oficina y trataré de hacer tanto deporte como hacía en Suecia, para al menos, tener una visión objetiva de ambos sitios. Cuando no sales de la oficina hasta las 20 a diario, todo parece más negro de lo que es.

Gracias por tu comentario ^_^ me alegra ver que no soy la única que se siente o piensa así.

Claudia Garcia said...

Me alegra que lleves tanto con nosotros (sin haberte hartado ya jejeje). Soy Ingeniero de Telecomunicaciones. Empecé en un trabajo muy técnico pero poco a poco me he ido redirigiendo a Ventas que es donde quería trabajar desde el principio, pero claro es una posición que no se te ofrece siendo junior.

Ahora estoy basada en España pero trabajo con clientes de todo el mundo (principalmente Asia) lo cual me gusta mucho, dada mi fascinación acerca de Oriente.

Claudia Garcia said...

Respecto a tu pregunta... Creo que me quedaría con Tokyo, pese a estar muy lejos, captura todo el embrujo del Lejano Oriente en un entorno limpio, seguro y organizado. Es cierto que no es fácil trabajar allí siendo mujer, pero una vez encuentras tu sitio, se convierte en un país difícil de abandonar.

AndalusianGirl said...

Clau:

Aunque comento poco, te leo prácticamente desde el principio (sí, del Fotolog, del Vogue... Qué tiempos, parece que ha pasado una eternidad). Por cuestiones de la vida, yo también acabé en Málaga, donde ya llevo ocho años y medio, y no te quiero ni contar lo hartísima que estoy de esta ciudad. Me pasa un poco como a ti: me importa especialmente lo bien comunicada que está (no viajo tanto como tú, pero por trabajo sí que tengo que salir con cierta frecuencia), que el clima no está mal, el mar, la provincia... Con todo, tengo la misma sensación de no pertenecer a este sitio, estar constantemente fuera de lugar y no terminar de encajar porque mi lugar está a miles de kilómetros de aquí. Tampoco ayuda el hecho de que, pasados los 30, cuesta mucho más hacerse un hueco en los grupos de gente ya formados (por suerte, lo voy consiguiendo, aunque ya no sea tan sencillo como el "¿quieres ser mi amigo?" del cole).

En fin, a lo que iba: con el tiempo y habiendo vivido también en unos cuantos sitios, acabas por quedarte con lo bueno de cada sitio, sacarle el máximo partido (porque nunca sabes cuándo te tocará volver a hacer la maleta) y dejar de creer en la palabra "definitivo". Y aprendes a saborear cada viaje con todas tus fuerzas.

Reitero lo dicho alguna vez: si un día te apetece un café, simplemente, silba.

Un abrazo,

R.

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